El temperamento colérico: empuje, no cólera
De los cuatro temperamentos de la tradición griega, el colérico es el peor traducido. Su nombre sugiere ira; lo que describe es otra cosa: una persona construida para decidir y avanzar.
Lo que este nombre no significa
Empecemos por lo que hay que quitar. En castellano coloquial, decir que alguien está colérico significa que ha perdido los nervios. Esa acepción existe y es legítima, pero no es la que usa la clasificación que formuló la medicina griega a partir de Hipócrates y que Galeno convirtió en tipos de carácter en el siglo II.
En esa clasificación, el colérico es quien va directo al resultado. Decide con información incompleta, asume el mando cuando nadie lo hace y sostiene la presión mejor que los otros tres tipos. Puede perder los nervios, desde luego, pero no más que un melancólico agotado o un flemático que lleva dos años tragando. La diferencia es que cuando el colérico se enfada se ve, y eso ha bastado para que el nombre se degrade.
La traducción honesta es esta: empuje. Si a lo largo de este texto le viene a la cabeza la imagen de alguien gritando, descártela. Estamos hablando de dirección y velocidad, no de temperatura emocional.
De dónde sale este nombre
La palabra procede del griego kholé, bilis. En el esquema hipocrático el cuerpo contenía cuatro fluidos, y el predominio de la bilis amarilla producía un carácter caliente y seco, asociado al fuego y al verano. Galeno recogió ese esquema en De temperamentis y lo convirtió en la tipología que seguimos usando.
Conviene decirlo sin rodeos: la fisiología era falsa. No hay bilis que gobierne el carácter y la medicina descartó los humores hace siglos. Lo que sobrevivió fue la observación, no la explicación. Cuando Eysenck midió en 1947 dos dimensiones —cuánto se proyecta una persona hacia fuera y con cuánta intensidad reacciona— encontró que el cuadrante de alta proyección y alta intensidad coincidía con lo que Galeno había llamado colérico. El nombre aguantó porque describía bien a un tipo de persona, no porque la bilis tuviera algo que ver.
Esa es la posición desde la que conviene leer todo lo que sigue: una descripción de comportamiento con veinticuatro siglos de uso, no una teoría médica.
Cómo se comporta
Decide antes de tenerlo todo
Espera menos información que los demás antes de moverse. No es imprudencia calculada: es que el coste de esperar le parece siempre mayor que el de equivocarse y corregir. En entornos rápidos esto es una ventaja enorme. En entornos donde el error es caro, es su mayor riesgo.
Asume el mando por defecto
Si en una reunión nadie dirige, dirige. No suele ser una decisión consciente ni una ambición declarada: es intolerancia al vacío. Le resulta físicamente incómodo ver una situación sin conducir.
Rinde con presión encima
Donde otros se bloquean, el colérico se ordena. La urgencia le organiza el criterio y le quita de encima las dudas que en calma le sobran. Por eso muchos coléricos se crean urgencias artificiales cuando no las hay.
Le cuesta delegar
No por desconfianza, sino por aritmética: calcula que explicarlo cuesta más que hacerlo. El cálculo suele ser correcto a corto plazo y desastroso a medio, porque le condena a hacerlo todo siempre.
Dice lo que piensa
La franqueza le parece una forma de respeto y el rodeo una pérdida de tiempo. Quien no comparte ese código lo vive como brusquedad, y ahí se produce la mayoría de sus conflictos: no en lo que dice, sino en la velocidad a la que lo dice.
Se aburre manteniendo
Arrancar le entusiasma; sostener lo que ya funciona le vacía. Es el temperamento que monta el negocio y a los tres años quiere montar otro, no porque el primero vaya mal, sino porque va bien.
Mide el día por lo terminado
El criterio de valor es la tarea cerrada. Un día de conversaciones útiles sin nada acabado le deja con sensación de haberlo perdido, aunque objetivamente haya avanzado.
No teme el conflicto directo
Discutir no le desregula. Puede levantar la voz y seguir con la conversación cinco minutos después como si nada, y le sorprende sinceramente que el otro siga afectado al día siguiente.
En el trabajo
El colérico rinde en el tramo inicial y en la crisis. Es quien arranca lo que nadie arranca, quien decide cuando la información no llega y quien no se paraliza cuando todo se tuerce. En una empresa joven o en un departamento que hay que enderezar, es la persona que hace falta.
Se hunde en el mantenimiento. Las tareas largas sin resultado visible, los procesos que exigen paciencia con el detalle y las situaciones donde el avance depende de esperar a otros le desgastan de forma desproporcionada. No es incapacidad: es que el coste emocional que le supone es mucho mayor que a los otros tres tipos.
La consecuencia práctica es de organización, no de carácter. Un colérico colocado en un puesto de continuidad rinde por debajo de su capacidad y deteriora el clima. El mismo colérico en un puesto de arranque o de reconducción rinde por encima de lo esperado.
| Función | Encaje |
|---|---|
| Dirección en fase de crecimiento | Encaje muy alto |
| Gestión de crisis e incidencias | Encaje muy alto |
| Comercial de nueva apertura | Encaje alto |
| Control de calidad y revisión final | Encaje bajo |
| Soporte y atención continuada | Encaje bajo |
En las relaciones
En lo personal, el colérico protege haciendo. Resuelve problemas ajenos, aparece cuando hace falta y actúa sin que se lo pidan. Ese es su lenguaje afectivo, y quien espera otro tipo de expresión puede pasar años sin reconocerlo.
Su dificultad característica no es la falta de afecto sino el atropello. Interrumpe, decide por el otro con buena intención y resuelve conversaciones que necesitaban durar más. Cuando alguien le dice que no le escucha, suele ser literal: había entendido el planteamiento en la primera frase y dejó de atender al resto, sin registrar que el otro necesitaba decirlo entero.
Con un flemático funciona bien y con un coste concreto: el flemático cede terreno hasta que un día deja de estar. Con otro colérico la relación avanza rápido y choca frontalmente, porque falta el árbitro. Con un melancólico hay respeto mutuo y guerra permanente por el ritmo.
Bajo presión: exceso y carencia
Cuando se pasa
Llevado al extremo, el colérico se vuelve duro. Confunde exigir con maltratar, interpreta la lentitud ajena como falta de compromiso y deja detrás una estela de gente quemada que no siempre registra. Suele enterarse tarde, cuando alguien se va.
Cuando le falta
Por defecto, lo que le falta es la capacidad de esperar y de reparar. No sabe sostener un proceso que no controla, y le cuesta volver sobre un daño que causó al pasar, no porque no le importe, sino porque ya está tres pasos más allá.
Su contrapeso: el flemático
El temperamento diagonalmente opuesto no es el adversario: es la capacidad que no trae de fábrica. Nadie desarrolla su opuesto hasta convertirse en él, pero sí lo suficiente para no depender de terceros en cada situación que lo exige.
Qué entrenar o delegar
- Escuchar una intervención entera sin intervenir, aunque haya entendido el planteamiento en la primera frase
- Fijar un plazo mínimo antes de decidir en asuntos donde el error es caro
- Volver sobre las personas a las que atropelló al avanzar, y hacerlo el mismo día
- Delegar una tarea completa asumiendo que saldrá peor las tres primeras veces
Combinado con los otros tres
El tipo puro es la excepción. Lo habitual es un temperamento dominante con otro de apoyo, y la mezcla se comporta de manera distinta a cualquiera de sus componentes.
| Mezcla | Cómo funciona |
|---|---|
| Colérico + sanguíneo | Empuje con carisma. Arrastra gente detrás de decisiones ya tomadas y consigue que parezcan consensuadas. Su riesgo es la velocidad sin control de calidad. |
| Colérico + melancólico | Exigencia doble: ejecuta rápido y no perdona el fallo, ni propio ni ajeno. Es una combinación de alto rendimiento y alto desgaste personal. |
| Colérico + flemático | Fuerza tranquila. Decide sin ruido y no se altera en el conflicto. Tiende a alternar entre empujar con todo y desentenderse por completo. |
Cómo tratar con un colérico
Tratar con un colérico es sencillo si se entiende una cosa: no está midiendo fuerzas, está intentando avanzar. Casi todo lo que se interpreta como agresión es prisa.
Vaya al grano
Empiece por la conclusión y deje el contexto para después, si lo pide. Un preámbulo largo le desconecta antes de que llegue lo importante.
Discrepe de frente
El desacuerdo directo le merece más respeto que la conformidad educada. Lo que no soporta es enterarse tres semanas después de que usted no estaba de acuerdo.
Traiga soluciones, no solo problemas
Plantear una dificultad sin ninguna propuesta le produce impaciencia inmediata, aunque la dificultad sea real y usted no tenga la solución.
No se tome la brusquedad como algo personal
Trata igual a todo el mundo, incluidos los suyos. Si de verdad tuviera un problema con usted, se lo habría dicho.
Lo que este temperamento no es
No es mal genio
La irritabilidad no es privativa de este temperamento. Un melancólico agotado o un flemático que lleva años callando pueden estallar igual o peor.
No implica liderazgo automático
Asumir el mando y dirigir bien son cosas distintas. El colérico ocupa el puesto con facilidad; sostenerlo depende de todo lo demás.
No garantiza éxito
El temperamento describe cómo actúa una persona, no cuánto consigue. Hay coléricos que arrancan veinte proyectos y no terminan ninguno.
No es incompatible con la sensibilidad
Muchos coléricos son extremadamente sensibles a lo que ocurre alrededor. Lo que tienen es un umbral bajo para convertir esa percepción en acción.
Preguntas frecuentes
¿Ser colérico es lo mismo que tener mal carácter?
No. En la clasificación griega, colérico designa un temperamento de acción directa orientado al resultado. El mal carácter puede darse en cualquiera de los cuatro tipos.
¿Cómo sé si soy colérico?
Los indicios más fiables son tres: decide con menos información que los demás, rinde mejor con una fecha límite encima y se aburre manteniendo lo que ya funciona.
¿Qué temperamento encaja mejor con un colérico?
El flemático es el complemento clásico, porque amortigua. La combinación funciona si el flemático puede decir que no a tiempo; si no, acaba desapareciendo en la relación.
¿Puede un colérico trabajar en equipo?
Sí, y suele arrastrarlo. Su dificultad no es el equipo sino la delegación: tiende a cargar con todo por considerar que explicarlo cuesta más que hacerlo.
¿Se puede dejar de ser colérico?
No, ni hace falta. Lo que sí se entrena es el contrapeso: esperar, escuchar entero y reparar. El temperamento sigue ahí, con más recorrido disponible.
Los otros tres temperamentos
El temperamento es una capa. Hay más.
Saber cómo actúa usted bajo presión no dice cómo piensa, qué le mueve ni en qué momento de su ciclo está. Para eso hace falta cruzar varias capas a la vez, que es lo que hace el motor de cálculo NEXUS8G.